2007/01/29

Ciudad express


Por la mañana, entre las 7 y las 8 a.m, llegan a través de un patio interior los sonidos del desayuno de la nueva clase media china. Música pop y el repicar de los palillos en cuencos. En el parque privado del centro residencial en el que vivimos quedan los últimos ancianos realizando ejercicios de Taichi, a no sé cuántos grados bajo cero.

Vivimos en Chaoyang, denominado según el plan oficial del gobierno
"Beijing Central Business District" (CBD). Las autoridades decidieron en 1993 que derribarían aquí 4 kilómetros cuadrados de hutong, los barrios tradicionales de casas de planta y callejuelas, para construir un nuevo laberinto, esta vz de rascacielos y complejos residenciales de corte occidental, como el nuestro. Nuestro compound está formado por 11 edificios de 25 plantas y las prestaciones son las que pueden encontrar en cualquier metrópolis de Europa.

Del viejo Pekín ya queda poco, en cuestión de dos décadas se ha derribado un 80% de sus viviendas y en favor de los gigantes de hormigón. Incluso parece ser que el céntrico barrio en el que estuvimos residiendo el pasado verano, Qianmen, uno de los pocos que mantenían en su mayoría las comunidades de hutongs, ha empezado a ser demolido. En todos los nuevos centros urbanos como Chaoyang se repite la misma imagen patética: entre centenares de rascacielos se mantienen antiguas casitas aisladas que seguramente por milagros de la burocracia no fueron derribadas. Sus propietarios siguiendo viviendo en ellas, en condiciones muy insalubres como antaño. Ahora, aprovechan su ubicación entre grandes zonas en obras y ofrecen a los trabajadores completos almuerzos y cenas por 1 euro.

Nuestra arrendaDORA, Angela, nos asegura que todo el jaleo de obras que nos rodea terminará en seis meses. En medio año finalizarán las obras de seis edificios de 30 pisos y un nuevo complejo de galerías de arte. Actualmente se puede identificar únicamente la estructura de hormigón, nada más. El ritmo de trabajo es frenético, prácticamente de 24 horas. Ayer a medianoche se podían distinguir los reflejos de los obreros operando gracias a los grandes focos instalados por la constructora.

Que la zona es nueva se ve al momento. Vecinos recién llegados, quizá de hace pocos meses, salen por la tarde a lucir automóvil japonés o alemán y para hacer cola en el Carrefour de la esquina. Pueden ser ciudadanos locales, chinos de origen americano con un perfecto inglés e incluso algún que otro occidental. A la espera que el barrio se llene, los propietaros de locales comerciales de la zona todavía por alquilar rotulan el establecimiento, aunque esté vacío, con nombres pomposos inventados en inglés o francés para demostrar las pretensiones del lugar.

¡Incluso los árboles de las avenidas colindantes llevan poco aquí! O así lo parece, porque muchos conservan el plástico protector con el que seguramente los transportaron.

C.

3 comentarios:

Unknown dijo...

M'agradaria que poséssiu una web cam, dos xampinyons a pekin!
Sembla que esteu contents amb el pis, no! Una abraçada
Per cert gràcies per canviar la foto de l'Andrea, tenia malsons amb el pijama.

mbc dijo...

Molt interessant aquest nou Beijing i el fenomen de la classe mitjana que compra al Carrefour i passeja amb cotxes europeus d'alta gama. Estaria bé saber de què treballen, com es guanyen la vida els teus veïns. Hi ha la idea -segurament és un prejudici- que Beijing és una ciutat de funcionaris i Shanghai i altres són les ciutats on de debò es treballa i es produeix. És així?

Mit freundlichen Grüssen,

mbc

Cristian Segura dijo...

senyor martí,
agafa't be al coixí. D'aquí a poc em veuràs amb un parasol rosa i una jaqueta acolxada de seda vermella amb dracs daurats estampats a l'esquena.